Las Bolsas son los ámbitos donde se negocia libremente la transacción de las acciones, productos básicos, bonos, títulos y los índices que representan a estos, en ellas diariamente se concerta, registra, publica y liquida y por la globalización y el avance de las comunicaciones sus pizarras y la volatilidad entraron a los hogares. Los mercados no son perfectos y las últimas desviaciones fueron severas, pero en definitiva terminan siendo justos en la formación de los precios y pasar los riesgos.
Mientras tanto, las plazas y lugares públicos se usan para expresar la disconformidad a los sistemas, las políticas, salvatajes, rescates y principalmente la discrecionalidad. Las manifestaciones desde el 17 de septiembre en Wall Street y otros centros financieros ocupados por indignados y protestatarios expresan su disconformidad a la contribución monetaria de las empresas a la política, la limitación a los grupos de lobistas; también reclaman la regla que impida a los millonarios pagar menos impuestos que su personal, volver a separar la banca comercial de la banca de inversión como la vieja ley Glass Steagall, y otras demandas para proteger a los ahorristas e inversores. Todo en línea a que no se permita ser demasiado grande para no caer y luego distribuir el costo del auxilio a un gigante entre los que menos tienen, como los propios contribuyentes. Los reclamos pueden quedar ahí o trasladarse a la próxima generación, la evolución de la crisis financiera marcará la dirección de lo que viene.
Ayer los productos básicos brincaron muy bien traccionados por el precio del barril de petróleo, los minerales, la soja y el azúcar. De este modo, la región orgullosa de defenderse -con menos deuda y más valor en los commodities- se prepara en el último trimestre para no quedar afectada por la crisis de los países centrales, pero asumiendo que no se puede crecer sin depender de los demás e invertir en el futuro.
Mientras tanto, las plazas y lugares públicos se usan para expresar la disconformidad a los sistemas, las políticas, salvatajes, rescates y principalmente la discrecionalidad. Las manifestaciones desde el 17 de septiembre en Wall Street y otros centros financieros ocupados por indignados y protestatarios expresan su disconformidad a la contribución monetaria de las empresas a la política, la limitación a los grupos de lobistas; también reclaman la regla que impida a los millonarios pagar menos impuestos que su personal, volver a separar la banca comercial de la banca de inversión como la vieja ley Glass Steagall, y otras demandas para proteger a los ahorristas e inversores. Todo en línea a que no se permita ser demasiado grande para no caer y luego distribuir el costo del auxilio a un gigante entre los que menos tienen, como los propios contribuyentes. Los reclamos pueden quedar ahí o trasladarse a la próxima generación, la evolución de la crisis financiera marcará la dirección de lo que viene.
Ayer los productos básicos brincaron muy bien traccionados por el precio del barril de petróleo, los minerales, la soja y el azúcar. De este modo, la región orgullosa de defenderse -con menos deuda y más valor en los commodities- se prepara en el último trimestre para no quedar afectada por la crisis de los países centrales, pero asumiendo que no se puede crecer sin depender de los demás e invertir en el futuro.